Los Pasillos sin Puertas.
Esta es una de las máximas que rigen en el mundo actual: Adaptación al Cambio. O te adaptas o te quedas atrás. Para bien o para mal.
Empiezo a darme cuenta de que la soledad me acompaña a donde voy. La verdad es que ignoro por qué. He cambiado sin darme cuenta. Cambié de ser una persona extrovertida a ser una persona extrovertida, pero solitaria. Tengo amigos, es cierto. Pero no es a ese tipo de soledad a la que me refiero. También tengo familia, pero a pesar de lo que muchos otros piensen, entre ellos me siento solo. Siempre ha sido así. Madre y Padre se preocupan por mí, pero creo que sin querer (O queriendo, tampoco lo sé) he creado muros a mi alrededor. Padre se preocupa, pero es distante y frío. Siempre pensando en el deber-ser. Pero detesto esa forma de vivir y llevar las cosas, así que lo he aislado de mí. Madre, heh… Madre es un pan de Dios. Siempre paciente, siempre pendiente. Pero hace años que no hablamos. Sus necesidades y las mías están en continua divergencia. Es buena madre, pero ya no es mi amiga. Y creo que eso también es mi culpa.
¿Hermana? Me aprecia, pero solo vive pensando en el momento en que será libre de las ataduras de Casa. Me pide consejos y se los doy, pero nunca los pone en práctica. Hace mucho tiempo que no hablamos, al menos no como lo hacíamos antes.
Hermano… él es loco. En serio, está loco. Tiene “problemas especiales” como diría la semi-senior. Nació con un mal congénito. Sé que no es su culpa. No es culpa de nadie. Pero ha sido una cruz con la que hemos cargado Hermana y yo desde que tenemos uso de razón. Padre y Madre también han tenido su cuota, pero ellos al menos tuvieron infancia, juventud y parte de su adultez sin ataduras como Hermano. Pobre Hermano, víctima de los renglones torcidos de Dios.
Casa… ahora me parece grande e infinitamente larga, pero por más que camino por sus pasillos, no logro encontrar la puerta de mi cuarto. Mi habitación está en el mismo lugar de siempre, pero mi cuarto, ese sitio tan especial del cual hice mi rincón, ha desaparecido de los pasillos. Veo las habitaciones de los demás y veo la cerradura de la entrada a sus cuartos. Veo lo que hacen en ellos. Pero no puedo pasar. Los otrora abiertos cuartos ahora parecen fortalezas fabricadas para evitar incursiones. Ya no existe la confianza de antes. Ahora somos más viejos.
Definitivamente, he cambiado. No sé si lo hice para bien o para mal. Pero ahora soy distinto.