Casa, el último lugar para estar…
Estos días son oscuros para mí. Casa se ha convertido en un refugio de malas vibraciones y de demonios que solían azotar mi existencia hace ya mucho tiempo.
Padre. Me limito a saludarlo en la mañana, cuando me deja en la Academia y luego en la noche, cuando llego a Casa. Ya no hablamos desde que me dijo que soy luz para fuera y oscuridad para Casa. Le tomé la palabra y le dije que no escucharía las mismas retaliaciones todo el tiempo y que me haría el loco.
Bueno, no se lo dije. Eso sería encender una chispa en un mar de gasolina. Pero se lo día a entender con gestos y actitudes. Ahora, en esta etapa de su vida, vuelve a ser un niño al que le gusta que le hagan todo. Se le hacía, pero como no le gustaba como quedaba, se quejaba. Madre, Hermana y yo hemos dejado de atenderlo y de hablarle poco a poco. Todo por culpa de su carácter. Pero sé que el se siente solo. Lo sé de buena fuente. Y esa fuente es verlo todos los días con cara de tragedia. Ya no le puedo hablar sin temor a que inicie una refriega verbal por alguna vaina que le diga, cosa que me obligaría a poner cara de póker.
Madre. Ahíta. Nada.
Hermana. Nada de nada.
Hermano. Jode, luego existe. Ese es el triste destino de los renglones torcidos de Dios.
La Academia. Aceptaron mis servicios hasta el 15 de Diciembre del corriente año. Aún sigo en la Corporación, pero creo que esta será en definitiva la última semana que estaremos acá. Mis demonios me siguen atormentando por acá. Maggie sigue siendo una luz deslumbrante y yo, cual polilla, me acerco demasiado. La culpa me retuerce el alma. Pero necesito, necesito. Estoy mal, lo sé. ¿Pero qué hago? ¿Ella? Honestamente, creo que sabe lo que siente (Las mujeres siempre saben más que uno sobre estas cosas) y en el fondo siente algo recíproco. Pero es una persona difícil, una cuaima en ciernes. No soy nada ante Don. Y sigo siendo su mejor amigo.
¡COÑO QUE HAGO!
SALUDOS