Más Allá de los Sentimientos…
Definitivamente, eso es lo que nos hace humanos. Los sentimientos y nuestro uso de la razón. Aunque esta última, comúnmente se ve nublada por los primeros.
¿Cuántas veces hemos tomado la decisión incorrecta por causa de los sentimientos?
Personalmente, me he equivocado. Y muchas veces.
Aunque muchas veces, en el pasado, Madre me dijo que los sentimientos también nos ayudan a tomar las decisiones correctas. Eso es irónico, viniendo de alguien que ignoró lo que de verdad sentía para casarse con Padre, a pesar de que en el fondo no lo amaba. Si lo quería, eso es innegable, pero no lo amaba. Eso lo puedo constatar hoy, después de todos los eventos vividos durante mi infancia y adolescencia. Pero, a pesar de eso, ella tuvo razón. A medias…
Si Madre hubiese seguido sus sentimientos, ¿Estaría yo aquí hoy?
¿Habría tenido esta vida?
La respuesta es obvia: NO.
Una vez, le pregunté a Madre si se arrepentía de habernos tenido. Sí, subestimé el amor de una madre y en aquel entonces, me valió una volteada de cara por parte de ella. Y me dijo: “Una jamás se arrepiente de los hijos que le tocan. Una jamás llega a odiar por completo a un hijo. Para las madres, el perdón jamás se le niega a un hijo. ¿Acaso no entiendes que los hijos son una extensión de nosotras mismas? ¿Qué ustedes, para bien o para mal, son el legado que dejamos en este mundo? ¿Que ustedes representan que nosotros pasamos por él?
Una lágrima solitaria rodó por su mejilla. Yo aún tenía mi mano en la cara, atónito. Jamás la había visto así.
Y habló de nuevo: “Que te sirva de lección, hijo mío. Créeme, me ha dolido más a mi que a ti. Ven acá…”
Y entonces me dio algo que pocos seres humanos después de ella me han dado: un abrazo. Uno verdadero. Sentí que me fundía con ella y llorando pedí perdón. “Tonto, ¿qué te acabo de decir? No importa hijito, te disculpo…”
De eso han pasado ya 15 años. Mi relación con Madre ya no es ni la sombra de lo que solía ser. Pero me sigue queriendo como siempre. Es un cariño en gotas. La edad y el cisma generacional nos han alejado en muchos aspectos. Pero compartimos un pasado de guerreros. Nunca olvidaré lo que Madre y yo pasamos en el Hospital de Niños y en todos esos otros hospitales que visitamos debido a mis múltiples operaciones. Nunca olvidaré que ella durmió en el duro suelo, con apenas un par de sábanas como abrigo. Nunca olvidaré que peleó con otras madres por la comida que se guardaba en la única nevera que había en el piso. Nunca olvidaré… héh… tantas cosas de las cuales fui testigo y muchas más que viví en carne propia. A pesar de todo, Madre es la única mujer que se ha ganado mi respeto a pulso y por derecho. Espero que cuando la muerte venga por mí, sea su figura la que vea al final de mi vida. Así sabré que he vivido dignamente.
¿Padre? No hay dudas, ese hombre me quiere más que a su vida misma. Pero, así como me ama, también me odia. Definitivamente, es la persona con la que más he peleado en mi vida. También es la persona que más valores me ha enseñado. Un ser excepcional. El único que es capaz de mezclar el amor y el odio en sus palabras. Capaz de amar sin freno. Capaz de odiar sin límite. Y sin embargo, todo en perfecto balance. A veces me gustaría comprenderle. Creo que si es tan capaz de manejar sus emociones así, podría aprender de él. Al fin al cabo, siempre estamos solos.
Los sentimientos… ¡Vaya! Qué tema he escogido para divagar. Claro, también he sentido amor. Demasiadas veces, diría yo. Me considero un amante de las mujeres. No, no soy un mujeriego. Pero todas las mujeres, sin excepción son dignas de mis mejores loas. Soy tan primitivo como un cavernícola, que divinizaba todo aquello que no entendía. Yo las idolatro. Pero también las detesto, porque por ellas he pasado por los más amargos trances de mi vida sentimental. Me han engañado. Se han burlado de mí. Me han ignorado. Me han olvidado. Me han usado.
Y, también, me han odiado. Aunque esa es otro historia.
¿Qué hay más allá de los sentimientos? No tengo ni puta idea, pero espero que valga la pena sentir tanto.
Hasta otra.